En La Deriva
El barco se dirige hacia su deriva,
un iceberg espera con paciencia al dormido capitán,
quien predomina en el sueño: la muerte de la materia.
¿Oh capitán, mi capitán… o es que no hay capitán?
¿Quién es el que dirige el timón?
¡Marinero, desobedece al sueño del déspota!
La tripulación se resiste a la rebeldía,
flor de los piratas sin flotilla.
Arrojarse al mar es la única acción
cuando el iceberg penetra la materia sucumbida.
Libertad canalla en el corazón de una ola,
mientras el navío y su mando se hunden en sus sueños inmortales.